Durante años trabajé en producción industrial. Vi cómo personas excelentes perdían tiempo con herramientas lentas, complejas o diseñadas por quienes nunca habían pisado una planta. Hoy construyo productos digitales que nacen exactamente de esos problemas.
Dos roles, misma identidad
Hace años terminaba un turno de noche y llegaba a casa con la cabeza llena de ideas. Mientras otros veían procesos normales, yo veía tiempo perdido.
Veía operarios haciendo el mismo trabajo dos veces. Veía hojas en papel. Veía Excel infinitos. Veía decisiones que podían automatizarse y nadie las tocaba.
Esperé durante mucho tiempo a que alguien construyera mejores herramientas. Al final decidí intentarlo yo.
Así nació Kavana. No como una empresa, sino como una forma de convertir problemas reales en productos digitales. Empecé a diseñar la solución trabajando a doble jornada: en la fábrica, con turnos rotativos, y luego en casa, construyendo el software por las noches.
Antes de diseñar nada, intento entender cómo trabaja realmente la gente. Sin eso, cualquier solución es un tiro en la oscuridad.
La mejor herramienta no es la que tiene más funciones. Es la que resuelve el problema con menos fricción.
Utilizo la inteligencia artificial como una herramienta más para convertir ideas en productos utilizables, no en maquetas.
Cada proyecto cambia mi manera de entender el siguiente. Por eso cada herramienta sale mejor que la anterior.
Una nueva forma de entender el software de fabricación: trazabilidad, tiempos de máquina y control de planta que funciona aunque se caiga el Wi-Fi.
Gestión de stock sencilla para equipos de limpieza. Menos papel, menos olvidos, más control del material en cada turno.
Una herramienta para calcular la eficiencia de producción industrial, pensada para el suelo de fábrica.
Siempre hay un problema real esperando una herramienta. Si el tuyo encaja, puede ser el próximo.
No persigo la tecnología más nueva. Persigo la solución más sencilla.
No diseño para impresionar. Diseño para reducir trabajo innecesario.
La IA no sustituye a las personas. Las ayuda a tomar mejores decisiones.
La mejor interfaz es la que apenas necesita explicarse.
La tecnología solo tiene sentido cuando desaparece y deja que el trabajo fluya.
Soy Jorge.
Durante años, hasta julio de 2026, trabajé en producción industrial.
No estudié informática.
Aprendí construyendo.
Lo que empezó siendo curiosidad acabó convirtiéndose en una forma de entender el software: observar un problema real, simplificarlo y convertirlo en una herramienta útil.
Desde entonces he creado tiendas online, aplicaciones móviles, herramientas para empresas y productos impulsados por inteligencia artificial.
No porque quisiera cambiar de profesión.
Sino porque nunca dejé de intentar resolver los problemas que veía a mi alrededor.
Todo empezó con WordPress. Después llegaron el ecommerce, el dropshipping, una marca propia de ropa mediante print on demand, aplicaciones Android con App Inventor y, finalmente, los productos que hoy forman Kavana.
Mi objetivo nunca ha sido escribir más código. Ha sido construir mejores herramientas.
No aprendí software en una universidad. Lo aprendí intentando resolver los problemas que vivía cada día en una fábrica. Hoy sigo haciendo exactamente lo mismo. Solo han cambiado las herramientas.
— Jorge